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Javier Durán

Javier Durán

Periodista

Para los soñadores

En la misma pendiente del garaje empieza a sonar Imagine de John Lennon, un homenaje en su ochenta cumpleaños, porque aún no ha muerto ni ha dejado de respirar pese a que cayó abatido en la entrada del Dakota por los disparos de Mark David Chapman. Paro el coche y lo dejó en punto muerto, con las luces apagadas, con la luz natural que se filtra por las celosías, y le doy fuelle al volumen. Su asesinato cortó la circulación sanguínea de los soñadores del planeta, que vieron de pronto derramarse la violencia más fanática sobre el exBeatle, precisamente sobre la voz que había clamado por la paz y que representaba los valores de una generación harta del belicismo.

Ahora vivimos en un mundo de ovejas marcadas por los radares de internet, donde cualquier signo de rebeldía puede ser absorbido inmediatamente por una multinacional o un creador de moda para convertirlo en un producto de masas.

John Lennon también tenía que atender las obligaciones de la mercadotecnia (horas antes de su muerte posaba junto a Yoko Ono para la famosa fotógrafo Leibovitz), pero nos elevaba con su música, dejaba el rastro agridulce de que algún día todo cambiaría, y lo más importante, nos llevaría a pensar décadas después de que no era tan fácil hacer la revolución y lograr un mundo mejor. Lo relevante es que Imagine aún nos insufla el entusiasmo de que está punto de llegar otra vida: los sueños son irrenunciables; la capacidad humana nos sacará del atolladero; la unidad de las personas frenará el avance del individualismo; los desastres naturales dejarán de existir...

Me decido a aparcar el coche una vez que Imagine ha dejado de sonar por la radio. Han sido unos pocos minutos de fuga, los suficientes para saber que Lennon nos ayuda, nos guía bajo la tupida gasa (aparte de la mascarilla) que envuelve al mundo, y que nos lleva a recrear muchas veces al día las calles y los paisajes de la libertad. Pienso que es un verdadero revés que su contrario, un tipo como Donald Trump, gobierne la gran potencia y enardezca a pistoleros e incontrolados que tienen un arma como la que acabó con su biografía. Su muerte no sirvió para que los gatillos se apagaran definitivamente. Volver a oírlo provoca nostalgia, una terrible sensación de desamparo por la que es obligado pasar para constatar el malestar que nos ha tocado. Dakota supuso un antes y un después, sobre todo para los que vieron en Lennon un relámpago con o sin Yoko Ono. Nada se repite.

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