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Myriam Z. Albéniz

Condenadas a una doble discriminación

El 19 de diciembre de 2011 la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió designar el 11 de octubre como Día Internacional de la Niña. La creación de esta jornada en el calendario universal fue promovida desde 2009 por la ONG Plan Internacional, una organización no gubernamental que funciona en varios países del mundo. Lo hizo a través de su campaña “Por ser niña”, enfocada a acabar con la doble discriminación que sufren millones de pequeñas en todo el mundo por razón de su género y su edad. Con ello se pretende fomentar cada año el reconocimiento de sus derechos y dar a conocer a la opinión pública los problemas excepcionales que afrontan en todo el planeta. La propia resolución destaca la necesidad de invertir y sensibilizar a la sociedad sobre su necesario empoderamiento, con el objetivo de romper el ciclo de discriminación y violencia del que son víctimas.

Alrededor de mil cien millones de niñas forman parte de una gran y vibrante generación mundial preparada para asumir el futuro. Como observa ONUMujeres -la agencia encargada de promover la igualdad de género- van al colegio, ayudan en casa, trabajan en fábricas, hacen amigas y amigos, cuidan de sus familiares mayores y menores, y se preparan para asumir las responsabilidades de la vida adulta. Desempeñan diversos papeles en el hogar, la sociedad y la economía, de tal manera que su progreso no sólo es bueno para ellas sino que lo es además para sus familias, sus comunidades, y sus naciones. Desde siempre han cambiado el mundo y esta actual generación puede hacerlo aún mejor. 

El lema de 2020, cuando se cumple precisamente un cuarto de siglo desde la adopción de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing -la agenda global para promover los derechos y el empoderamiento de las mujeres y las niñas a nivel mundial-, es “Mi voz, nuestro futuro en común”. Junto a esta importante guía se unen asimismo otros esfuerzos, como la iniciativa denominada “Generación Igualdad”, otra acción audaz sobre la igualdad de género con una narrativa clara relacionada con las necesidades y oportunidades de las adolescentes, así como con las posibles soluciones a sus problemas. Es preciso, pues, aprovechar la oportunidad de diseñar un mundo mejor con la inspiración de estas niñas adolescentes, en el que se sientan motivadas y gocen de reconocimiento, que las tenga en cuenta e invierta en ellas, dado que su evolución no está yendo a la par de las realidades a las que se enfrentan día a día, y máxime si se tiene en cuenta que la terrible pandemia de coronavirus ha incrementado todavía más estas brechas.

Cuestiones como la educación (31 millones que están en edad de cursar estudios de Primaria se encuentran sin escolarizar en el mundo), la mutilación genital (más de 30 millones corren el riesgo de sufrirla en los próximos diez años), el matrimonio infantil (cada siete segundos una menor de 15 años es obligada a casarse en algún lugar del mundo), la violencia basada en el género (las adolescentes son más propensas a experimentar ciertas formas de violencia que los varones, incluida la violencia sexual), la exclusión económica (cuando los recursos del hogar son limitados, las normas sociales en muchos lugares dictan que los niños deben ser priorizados, dejando a las niñas con escasas oportunidades para la educación y en situación de riesgo de mala salud y nutrición) o la trata y la esclavitud (chicas en busca de una vida mejor pueden ser engañadas o empujadas a trabajos forzados o explotación sexual) nos compelen a no mirar hacia otro lado. Esta nueva generación requiere de nuestro apoyo para acelerar el cambio social. Ha llegado ya la hora de aunar nuestros esfuerzos para que un panorama tan sangrante cambie lo antes posible. No abandonemos a estas niñas y adolescentes que encarnan el futuro. Seamos su voz. Luchemos por ellas.

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