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Comer rodeado de arte

El marchante Miguel Ángel López Alsó abre un restaurante en el que expone obras de artistas canarios de prestigio | El local es también un homenaje a Galdós

Pompidou Arte & Lounge

El arte culinario se ha extendido entre los fogones y los cocineros y chefs son cada día más hábiles en atrapar al comensal con bellas composiciones artísticas que invitan a degustar un plato casi con la vista. En el restaurante Pompidou Art & Lounge se tiene además el placer de comer entre verdaderas piezas de arte de artistas canarios, una peculiaridad que estimula los sentidos.

El restaurante, ubicado en la calle Perdomo, muestra pintura y escultura de Martín Chirino, Pedro González, Antonio Padrón, Felo Monzón, Pepe Dámaso, María Belén Moral, Santiago Santana, Jesús Arencibia, Juan Bordes, Juan Antonio Giraldo, Juanjo Domínguez y Emilio Machado, entre otros artistas locales, lo que supone para cualquier persona una oportunidad para descubrir su obra fuera de las paredes de un museo. La colección reunida bajo el título de Artistas canarios cruzando el horizonte, porque todos los creadores han sido reconocidos fuera del Archipiélago, tiene piezas que se pueden comprar.

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Restaurante con cuadros de artistas canarios

La propuesta de restauración viene de la mano del marchante de arte Miguel Ángel López Alsó, dedicado desde hace más de 30 años al negocio de la compra y venta de piezas, tanto para sí mismo como para particulares y empresas. López buscaba crear un espacio cultural polivalente para mostrar su colección; otras piezas están en depósito para su venta, y se le ocurrió hacerlo de la mano de la gastronomía. Al mando de la cocina está el chef francés Marcel Juvenon, que hace unos años regentó la del Gabinete Literario junto a Inés Myon.

La iniciativa, en la que también se incluye la coctelería, acaba prácticamente de arrancar porque la idea era inaugurar el Pompidou en marzo, aunque se tuvo que posponer por la pandemia del coronavirus a junio. Así lo indica el propio Miguel Ángel López, que se aficionó al arte cuando siendo estudiante de Económicas sacaba dinero para pagarse sus estudios vendiendo “objetos antiguos y trastos” en el rastro de la capital que compraba a los anticuarios. “Un día se me acercó Baudilio Miró Maino y me dijo que quería que fuese su marchante y, a partir de ahí, fui formándome de modo autodidacta en el mercadeo del arte”, narra López. Nunca acabó Económicas, aunque el oficio de marchante siempre tuvo que compaginarlo con otros empleos.

El local está ubicado en el bajo de una de las casas solariegas de Triana -número 28- lo que le añade un plus al restaurante, que es un homenaje al escritor Benito Pérez Galdós. El mismo logotipo del establecimiento es un cuadro del pintor Juan José Domínguez, que emula al conocido retrato del escritor de Sorolla, aunque teniendo de fondo una marina de Las Canteras. También la carta, cuyos platos llevan el nombre de las novelas y obras de teatro del escritor del siglo XIX, del que este año se cumple el centenario de su fallecimiento.

Los clientes pueden solicitar un Marianela; un tartar de ternera revisitado a la provenzal con chips de calabacín tapenade, o un Tristana; carrillera ibérica tradicional bourguicnon con gnochi de batata y gofio, por poner algunos ejemplos de la oferta, en la que se ofrece también un plato vegano para elaborar sobre la marcha al gusto del consumidor y del chef. La cocina que se degusta es estacional, de vanguardia y autor. Así figura en su misiva de presentación.

Comer rodeado de arte

“La conexión con Galdós fue accidental. Los descendientes del escritor solicitaron que vendiera el espejo que casualmente estaba en el local que yo había alquilado para el restaurante”, cuenta el marchante, que además posee los moldes del busto del escritor que hizo el escultor Víctor Macho, y cuya reproducción en cera puede verse a la entrada del mismo establecimiento.

Al local no le pudo poner el nombre del novelista y político decimonónico porque ya estaba patentada la marca pero sí la imagen del autor de Fortunata y Jacinta. “Lo hice deprisa y corriendo, y casualmente lo diseñé el 3 de enero sin saber que al día siguiente era el centenario de su muerte”, cuenta López, que también está dedicado al peritaje de obra, valoraciones, división de herencias además de alquiler de piezas a empresas.

El marchante ha contado con el visto bueno de los descendientes de Galdós, ya que el propietario de Pompidou Art & Lounge también está diseñando merchandising para el espacio cultural y gastronómico, que también cuenta con un reservado. El espectacular espejo dorado puede contemplarse en el local bajo hasta que a un comprador le interese.

Alguna de las piezas que se muestran en el restaurante tienen su historia, como una escultura pequeña de hierro forjado de Martín Chirino fuera de serie de las que realizó para el Premio Jaime Fernández de Araoz, sobre finanzas corporativas que, según el marchante, ni siquiera tiene la propia Fundación del artista.

Comer rodeado de arte

Miguel Ángel López asegura que el arte siempre es una buena inversión porque siempre se revaloriza mientras que “el capital se congela”. En cuanto a los criterios para elegir una pieza, el marchante confiesa que “la obra te elige a ti” por lo que la emoción es un dato siempre a tener en cuenta. “No hay que tener prisa en comprar y si alguien tiene dudas entre dos cuadros siempre les digo lo mismo: ven con un niño entre 10 y 12 años, él te dirá cuál; tienen una percepción especial para elegir”, añade sobre la intuición que muestran los menores para detectar la más llamativa del artista.

El restaurante, que ha ofertado en estas semanas de apertura algunas semanas gastronómicas con platos a la cazuela, de atún rojo y con vieras y que pretende continuar en esta línea, quiere ser vehículo también para que los artistas emergentes puedan exponer su trabajo. Su propietario, con múltiples ideas en la cabeza para el binomio restauración-arte, busca patrocinadores para promover un premio de pintura.

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