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Breves vacaciones de charca en charca

Los vecinos de la costa norteña aprovechan el día festivo para visitar las calas y piscinas naturales de la zona | Evitan la capital y el Sur por las aglomeraciones

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Un festivo del Pilar diferente en la comarca norte Andrés Cruz

“Lo que tenemos aquí es un paraíso, hay que saber disfrutarlo”, expresa Julia Martín, tumbada sobre la arena de la playa de Agaete, mientras vigila a su nieta jugar con un cubo de agua. Son las tres de la tarde, una leve brisa alivia la sensación del picor del sol y en su piel se secan lentamente pequeñas gotas que dejan un rastro de salitre, la marca canaria.

La incertidumbre está limitando la vida de muchas personas en esta pandemia, sintiéndose desganados ante las restricciones e infelices por la incapacidad de organizar planes atractivos como viajes o grandes reuniones con amigos. En el puente del Pilar muchos son los que han aprovechado la playa “porque no hay nada más que hacer ahora”. Así lo expresa Lorenzo Martín, que se trasladó desde el barrio de San Cristóbal -en la capital- hasta la playa del norte con unos pocos amigos. “Casi nos sentimos confinados sin estarlo, porque no podemos ver a muchos seres queridos por si acaso”, asegura, aunque intenta mantenerse lo más positivo posible. “Siempre que hace bueno hay que venir al norte”, añade con una sonrisa.

Además de playa, mucha gente se acercó hasta la villa marinera para disfrutar de los restaurantes situados junto al muelle (desde donde pueden verse las increíbles vistas al acantilado y observar partir el ferry), incluso llegando a hacer cola para poder sentarse en la terraza, que siempre (y ahora más) es el espacio favorito para los que buscan almorzar. Aun y todo, algunos empresarios de la zona de restauración aseguran que “se nota muchísimo la diferencia de gente entre este día del Pilar y el del año pasado; no ha dejado de venir gente, pero el coronavirus ha afectado evidente e irremediablemente a nuestro sector”, explican resignados.

Martín ve el mundo con los ojos del optimismo y avala los pequeños placeres que da la vida; afirmando que en ellos deben centrarse para combatir estos malos tiempos por los que pasa el mundo. Considera que no hace falta irse lejos para disfrutar de un festivo; la Isla ya lo tiene todo.

“Nosotros aprovechamos los días libres para venir a la playa porque es un espacio al aire libre; lo más seguro”, explica, rodeada de una parte de su familia. Es sanitaria, por lo que sabe de lo que habla. “Mucha gente sigue sin ser consciente de las consecuencias del virus, pero a mi me gustaría que pasasen una tarde en el hospital para que vieran cómo actúa; he visto a muchos jóvenes con secuelas, esto no es un juego”, alerta.

La familia de Julia Martín Andrés Cruz

Como forma para protegerse del virus, la mayoría de residentes de las zonas costeras del Norte visitan sus propias calas, piscinas naturales y charcas; espacios pequeños en donde no suele acumularse mucha gente. La bruma marina, el vaivén de las olas y el frescor del agua salada es lo único que necesitan ahora para relajarse. Así piensan Carmen; Águeda; Manola y Catalina, amigas y vecinas del barrio de Santidad en el municipio de Arucas, que se acercaron ayer hasta la playa de El Puertillo con sus sombrillas y sillas de plástico para disfrutar del festivo. “Nosotras no tenemos más plan que este, venir juntas a esta playa para coger sol; el resto de días lo pasamos en casa o como mucho nos acercamos al supermercado, pero hay que ser prudente”, sostienen con seriedad, aunque añaden que “no hay que tener miedo, pero sí tener respeto”. En la cala parece que todos lo tienen, pues cada grupo está a más de tres metros del resto. “Esta es espacio pequeño y familiar, nos conocemos muchos porque la mayoría venimos de los barrios de interior”, explica Catalina.

Otras actividades

La mayoría se acerca hasta esta zona para posar sus pies sobre la arena y marcarse algunos chapuzones, pero hay quienes aprovechan el mar para efectuar otro tipo de actividades. Por ejemplo, Ayose Santana, originario del municipio de Telde, se trasladó con su hijo y unos amigos hasta esta cala de Arucas para echar el anzuelo a algunos peces. Salemas; sargos; bogas y pejerreyes chapotean en los cubos de plástico que han preparado; más de cincuenta ejemplares a mediodía, lo que suponen unos dos kilos de pescado. Pero no está nada contento. “No estamos teniendo mucha suerte”, expresa disgustado, pues ese número no es su mayor marca y los animales no tienen mucho tamaño. “Hemos aprovechado el puente para pescar, pero la cosa no va muy bien”, admite a la par que vuelve a tirar su caña de pescar hacia el horizonte, sin darse por vencido.

También hay quienes buscan el ambiente costero, pero no sólo para marcarse planes relacionados con el agua. María Luisa, Josefina y Loli juegan a una partida de parchís a pocos metros del Charco de San Lorenzo, en el municipio de Moya, en donde también se aprecia la misma imagen de prudencia que en El Puertillo; pequeños grupos muy separados entre sí buscan un hueco bajo el muro ubicado de cara a las vistas al océano atlántico, con la mascarilla puesta si se disponen a trasladarse de lugar. “La gente respeta muchísimo, todo el mundo se comporta siguiendo las medidas acordadas”, explica Antonio Ojeda, uno de los visitantes de la zona. “Este es nuestro plan siempre que tenemos hueco, independientemente de si coincide con un festivo o no”, explica Ojeda, que se mantiene atento a la partida mientras toma un helado a la sombra. Son vecinos de Teror, pero no visitan otra zona de costa que no sea esta.

"La gente respeta muchísimo, todo el mundo se comporta siguiendo las medidas acordadas", explica Antonio Ojeda, un vecino de Teror que ayer se refrescaba en el Charco de San Lorenzo

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Aquí se está genial porque no suelen venir muchos foráneos, lo que viene perfecto para protegerse del coronavirus”, añade, mientras admite que tanto él como su familia y amigos han tenido que hacer muchos sacrificios ante esta nueva realidad. “Ahora solo nos limitamos a ir a la playa para coger sol, porque no nos atrevemos aún a ir a sitios cerrados; bueno, la playa y el cafecito en Teror no falta”, ríe.

A pesar de todo, lo importante es no paralizarse. “Hay muchas personas que estigmatizan el virus, y es normal porque hay muchísimo desconocimiento”, expresa por otro lado Minerva Alonso, una joven psicóloga que también aprovechó el día en este espacio de costa junto a su prima, Julia Alonso, a la que no veía desde que se decretó el estado de alarma -el pasado 14 de marzo-.

“Somos sanitarias, hemos estado al pie del cañón; además por nuestra situación hemos limitado muchísimo nuestra vida social”, explica la joven, que se muestra alegre al poder disfrutar por fin de un día de relajación. “Hay que tener mucho respeto, eso sí; nosotras por ejemplo decidimos evitar Las Canteras, porque es una zona en donde se producen muchas aglomeraciones”, explica su amiga Cristina López, que procede de Las Palmas de Gran Canaria. “Por eso hemos decidido movernos hasta aquí, porque sabemos que es un lugar más familiar donde no suele haber mucha gente”, explica, poniendo en valor la costa norteña.

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