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Rubén Moreno: “No quería terapias pero fui a todas las que mi familia y la iglesia quisieron”

Tras buscar una curación en EE UU y Brasil, fue ingresado en España y medicado como si fuera un enfermo mental

Rubén Moreno

Rubén Moreno

La respuesta del estudiante valenciano de 32 años Rubén Moreno Lara es clara cuando se le pregunta si piensa tomar acciones legales ante el calvario que sufrió por parte De la Iglesia evangelista y su familia para curarle su homosexualidad. “Sí”, dice sin más detalle después de relatar que llegó a sufrir exorcismos, estuvo en grupos terapéuticos radicales de Estados Unidos y Brasil; allí se fugó y acabó en la calle siendo muy joven. De regreso a España fue ingresado y medicado como si fuera un enfermo mental... “No tenía a nadie”, dice este joven, miembro de una familia ultracristina, que no quiere “venganza sino que se haga justicia”.

"Me supuso un gran conflicto interno... Mentir, negarme a mí mismo, ocultar a la gente quien realmente era y obsesión de imitar al resto de compañeros. Intentaba ser como ellos”

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“Creo que lo he sabido desde siempre... Me supuso un gran conflicto interno... Mentir, negarme a mí mismo, ocultar a la gente quien realmente era y obsesión de imitar al resto de compañeros. Intentaba ser como ellos”, dice sobre el momento en que descubre su homosexualidad.

“Por el entorno que tenía no había nadie a quien recurrir, no tenía con quien hablar del asunto”, recuerda. “Intenté solucionarlo por mi propia cuenta”.

Se crió “en un entorno de falsa moral y perfección. Era obligatorio asistir a la iglesia los domingos, y allí teníamos nuestra escuela dominical para niños, donde te enseñaban bíblicamente lo que era correcto y lo que no. Al principio no recibió el apoyo de nadie. Más tarde lo descubrieron unos tíos por parte de padre y desde entonces siempre me han apoyado en todo”. Reconoce que le cuesta asumirlo. “Muchísimo. No lo asumí realmente, me descubrieron y me forzaron a dar explicaciones en casa”, cuenta sobre ese apoyo reconvertido en ataques y decisiones tomadas por otros.

"Mi madre y mi hermana entraron en modo guerra y se radicalizaron todavía más; pensaban que yo tenía el demonio"

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“Realmente nunca quise hacer terapias pero tampoco tuve opción. Mi madre me obligó. Como hijo obediente que era, al ver la decepción y el conflicto que había creado en mi casa fui. No podría decir exactamente a cuantas me sometieron, creo que a todas las que quisieron. En España funcionaba de dos formas: la primera era rendir cuentas, tenía que confesar todo mi día a día. Ellos decidían lo que yo podía ver, escuchar y con quien debía relacionarme. La segunda fue echar fuera espíritus y demonios”, dice sobre esa especie de exorcismos.

“En Brasil directamente era un lavado de cerebro, me trataron de zoofílico, de pederasta, de drogadicto. Fue muy heavy. Allí también expulsaban demonios, era una escuela interna, pero ya que me fue imposible regresar a España, pasando desapercibido cogí el habito de escaparme todos los días cuando empezaban las clases”. No le sirvieron de nada.

“Cuando todo el mundo decidía por mí. Me saturé y cansado de esta situación intenté acabar con mi vida”

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"Antes de que me descubrieran, yo mismo puse toda la carne en el asador e intenté cambiar, haciéndolo con mucho sacrificio y voluntad. Desde el primer momento que me descubrieron y me forzaron sabía que no tendrían ningún éxito estas terapias. Antes que lo supieran lo hice de corazón, cuando me descubrieron fui forzado y actúe por obediencia”, asevera. Dice que avisó de que aquello no iba bien “pero no sirvió de nada”. “Me sentía solo, me relacionaba muy poco. Cuando me quise dar cuenta, me percaté de que todo mi entorno era religioso”.

Puso fin a sus terapias y a aquella situación “cuando todo el mundo decidía por mí. Me saturé y cansado de esta situación intenté acabar con mi vida”. Confiesa que entonces su familia “entró en modo guerra y se radicalizaron todavía más. Pensaban que el demonio vivía dentro de mí, me deshumanizaron y fueron más intolerantes”.

“Como en todos los lados hay de todo, pero en la iglesia evangelista hay un sector muy grande que es muy dañino porque es ultra conservador. Ultra conservador no en el amor, sino en el juicio. No te ayudan a ser tú mismo ni a ser feliz, dentro de su frustración intentan frustrar a los demás obligándolos a ser como ellos mal entendiendo la Biblia son”, concluye.

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