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Un jefe, un compañero, un amigo

Los colaboradores más cercanos de Adán Martín plasmaron en el libro ‘Mucho más que un presidente’ su admiración por el gestor y su devoción por la persona

Fragmento de la viñeta de Padylla que se publicó en los periódicos de  Prensa Ibérica en Canarias el 11 de octubre de 2010.

Fragmento de la viñeta de Padylla que se publicó en los periódicos de Prensa Ibérica en Canarias el 11 de octubre de 2010. Padylla

La recopilación Adán Martín. Mucho más que un político (Idea) se publicó en 2017 y se presentó un 10 de octubre, en el séptimo aniversario del fallecimiento del expresidente canario. En una de las crónicas, al día siguiente, Jorge Dávila explicaba que los textos rebosaban de afectividades, instantáneas compartidas y perfiles en los que el ciudadano casi siempre solapaba al gestor público. A partir de un sinfín de recuerdos se moldeaba la personalidad de un político que dejó una fuerte impronta entre sus colaboradores. La mayoría se quedó con la idea de que tuvo el mejor jefe posible.

Desirée Rieu, por ejemplo, que trabajó en el gabinete de Prensa del Cabildo de Tenerife, escogía la habilidad que tenía Adán para rodearse de un gran equipo como el rasgo que más le gustaba de su personalidad. Gente joven y preparada a los que contagiaba su pasión para mejorar las cosas, y también profesionales en cuyo criterio confiaba porque sabía sacar lo mejor de cada uno. “En muchas ocasiones tuve la suerte de ver la atención con la que preguntaba a la gente, a su equipo y a cualquier persona cuya opinión pudiera servirle en sus reflexiones, y también la atención con la que escuchaba, con la que analizaba, estudiaba…”

Rieu también destacaba que no era un jefe de cabreos ni gritos: “Sabía transmitir ilusión por hacer bien las cosas. Delegaba, confiaba. Y por ese motivo allí nadie miraba el reloj para acabar el trabajo. Él nos contagiaba de su entusiasmo”.

José Manuel González fue becario en la Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno de Canarias cuando Martín ejerció de consejero. “Tenerlo como jefe me sirvió para aprender todo un manual de habilidades necesarias para hacerlo bien y, además, conseguir una de las cosas más complejas en el ámbito laboral y más difícil aun en el terreno político: crear un buen equipo y saber contar con él”. Más allá de un gran gestor, “era un experto en sacar lo mejor de cada persona”. Pero por encima de los rasgos que lo definían como político, González prefería quedarse con los de tipo personal, “los que originaban vínculos más fuertes y que, en definitiva, son los que te llevas”.

A Margaret Ramírez, una de sus secretarias, al principio no le resultó nada fácil adaptarse a ese hombre que entraba al despacho como una tromba colgado de un teléfono, rodeado por un equipo igual de raro que él. “Un hombre que, al mismo tiempo que clamaba por un café y se comía la mitad de tu bocadillo, te pedía que le pasaras con un secretario de Estado o un ministro y que, infinidad de veces, pasaba a tu lado como si fueras un fantasma que pudiera atravesar, ocupado en cualquiera de los temas de Canarias que le preocupaban y a los que prácticamente dedicaba todo su tiempo”.

La viñeta de Padylla que se publicó en los periódicos de  Prensa Ibérica en Canarias el 11 de octubre de 2010.

La viñeta de Padylla que se publicó en los periódicos de Prensa Ibérica en Canarias el 11 de octubre de 2010. Padylla

Es eviente que esa incomodidad dio paso al cariño y la admiración:“Si hay una palabra que puede definir a Adán es equipo: nunca trabajó solo y siempre sumó con todos los que le rodeaban. Para él todos éramos importantes, todos cumplíamos el papel que nos había tocado jugar, desde el viceconsejero hasta el conductor, y todos éramos necesarios. Hacía que te sintieras parte de algo grande”, refería Ramírez. “Adán era un trabajador incansable, un ciclón. No tenía días libres, daba igual dónde estuviera o qué estuviera haciendo, siempre llevaba a Canarias en la cabeza y cualquier momento era bueno si podía hablar o comentar algunas de las cuestiones que llevaba en la cartera de gobierno.

La colaboradora desgranaba una de las muchas anécdotas que ilustran el carácter del presidente: “Recuerdo las llamadas que hacíamos a los ministerios: ‘Pásame con el ministro (de lo que fuera)’. Adán, que está de viaje, que le dejan el recado. ‘¿Y el director del Gabinete?’. Que está fuera en una reunión. ‘¿Y algún asesor?’. Que no queda nadie en el Ministerio porque en Madrid ya son las ocho. ‘Pues pásame a la secretaria del ministro que le explico el tema para que se lo traslade a él”. Y yo le pasaba a Mari Carmen, Teresa, Elena o María, no sin antes explicarle a la pobre secretaria que mi jefe era un tanto especial y que iba a intentar que entendiera lo que él quería que le trasladaran al ministro. Sobra decir que terminaba haciéndose amigo de Mari Carmen, Teresa, Elena y María.

“Adán”, resumía Margaret, “era un tipo brillante, inteligente, encantador, muy muy humano y divertido, inmensamente divertido con el que te matabas a trabajar, pero con el que también pasabas momentos inolvidables”.

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