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Pedro Almodóvar: “El confinamiento ha sido mortal para los cines”

Pedro Almodóvar y Tilda Swinton, en una imagen promocional de ‘La voz humana’.

Pedro Almodóvar y Tilda Swinton, en una imagen promocional de ‘La voz humana’.

Pedro Almodóvar regresa a los cines con ‘La voz humana’, un cortometraje protagonizado por Tilda Swinton, basado libremente en el texto de Jean Cocteau, que se convierte en su primera experiencia en inglés. Una depurada virguería a nivel formal que condensa todo el universo del cineasta. El manchego considera “una declaración de intenciones” haberlo estrenado en salas en un momento tan crítico para la exhibición cinematográfica.

‘La voz humana’ siempre ha estado de alguna forma presente en su obra desde ‘La ley del deseo’. ¿Por qué ha decidido ahora convertir el texto en una unidad independiente?

Ha sido un capricho. Mientras otros compañeros hacen series, yo quería hacer un cortometraje, sobre todo porque sentía la necesidad de recuperar el espíritu de un debutante, probar cosas nuevas, experimentar con el lenguaje, explorar la esencia del artificio. Todas mis películas son libres, pero esta lo es mucho más.

En la película vemos a una mujer encerrada en un decorado. Podría ser una metáfora del confinamiento.

La realidad siempre termina filtrándose, incluso cuando el autor no lo tiene previsto. Cuando estábamos ensayando estalló el estado de alarma y cuando retomamos el rodaje en junio me di cuenta del confinamiento del personaje, tanto físico como emocional. La soledad y el abandono, la oscuridad en la que vive esta mujer, resultan mucho más evidentes e impactantes ahora. Pero lo único que añadí fue la escena final, en la que entra la luz y se sale del encierro.

¿Para qué le ha servido a usted este periodo?

Me ha dado fuerza e impulso para trabajar más que nunca, porque en medio de la parálisis generalizada necesitamos crear material para estimular a los espectadores. Ha sido como una huida hacia adelante.

¿Cómo ha sido la experiencia de rodar en inglés?

Quería probar para saber cómo me iba. No sabía cómo me iba a desenvolver dirigiendo a una actriz tan a fondo en otro idioma, porque dirijo con el oído, y la música del inglés es muy distinta. En este caso el inglés me ayudaba a contrarrestar la bravura sentimental y la voluptuosidad emocional del texto, que es como carne de bolero. Yo quería contención, no caer en lo folletinesco. He perdido el 75 por ciento del miedo que tenía al inglés. Solo me queda el otro 25 por ciento.

¿Estrenar en estos momentos en cines le sirve para posicionarse claramente en un momento tan delicado para la exhibición?

Pienso cada imagen que ruedo para que sea proyectada en pantalla grande. No sabía qué iba a pasar con este trabajo, y para mí que se estrene es una especie de milagro. Y sí, estrenarla ahora es una declaración de intenciones. El confinamiento le ha dado un golpe mortal a la exhibición en cines.

¿Qué piensa de las majors que aplazan los estrenos a 2021?

No sé cómo calificarlo. Me parece un horror. Y de un egoísmo inaudito, porque estoy seguro de que no van a salir ganando más, porque los productos se van a quedar viejos. El mismo James Bond visto dos años después va a quedar caduco.

¿Qué le parece la cultura de la cancelación?

A mí todo esto me parece escandaloso, porque no se está hablando de cine. No se puede revisar El último tango en París o todo el cine de Sam Peckinpah de acuerdo con la ideología del nuevo feminismo porque es injusto para el cine. ¿Que Peckinpah es misógino? Pues, claro, ya lo sabía, y mucho. ¿Me gustan menos sus películas? No. Y, además, está la eterna confusión entre el artista y su obra. Ahora Alfred Hitchcock no podría hacer Los pájaros. Porque una cosa es el talento y otra el respeto y la corrección hacia otras personas. Además, no se puede juzgar desde el presente todo el pasado. En los sesenta y los setenta había muchos desnudos porque se luchaba por la liberación sexual y de los cuerpos. Creo que hemos retrocedido más de cincuenta años en formas de pensamiento. No se puede juzgar todo desde una mentalidad militante feminista porque no es justo con las obras de arte.

¿Le da miedo que le ocurra a usted también algo parecido?

Lo que me sorprende es que no me haya pasado ya. Pepi, Luci, Bom y Átame son controvertidas al respecto, y, de hecho, ya hubo problemas con unas feministas en Berlín. Parece que, por el momento, voy sobreviviendo.

Cuando utilizó ‘La voz humana’ por primera vez en los ochenta, España se encontraba en la Transición y saliendo de una época oscura. Ahora parece que vuelve la extrema derecha, casi como si se cerrara un círculo.

Lo que estamos viviendo en nuestra sociedad ha adelgazado mucho la democracia en la que vivimos. Y todo por el mal uso que hacen de ella los partidos de la derecha. Yo me echo las manos a la cabeza cada día que pongo la televisión, no me puedo creer lo que escucho, ese nivel de descaro, de estulticia, de desprecio hacia todos nosotros, que deben pensar que estamos idiotizados. Me escandaliza el devenir político del país. Y más en este momento en el que nos acechan todas las crisis. La derecha que tenemos es también una epidemia. Y nosotros, como ciudadanos, no deberíamos permitir esa vuelta a lo retrógrado.

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