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Fernando Delgado: “Pérez Galdós se sentía abandonado por su memoria”

El escritor canario imparte una conferencia por el centenario de la muerte del autor de 'Fortunata y Jacinta', también canario

“Pérez Galdós 
se sentía abandonado 
por su memoria”

“Pérez Galdós se sentía abandonado por su memoria”

El escritor Fernando Delgado inauguró esta semana el ciclo de conferencias en homenaje a Benito Pérez Galdós del Ateneo Mercantil de Valencia con motivo del centenario de la muerte del autor de 'Fortunata y Jacinta'.

“Galdós se sentía abandonado por su memoria”, aseguró Delgado en los primeros minutos de Galdós humano, su conferencia en streaming sobre la vida de este prolífico novelista. “Cuenta con nada más y nada menos que 46 novelas, la historia del siglo XIX español. Fue el novelista español más notable después de Cervantes”.

Delgado comparte con el autor su procedencia. Ambos son canarios, por lo que el escritor residente en Faura abordó la cuestión “insular”. “Su sangre estuvo siempre a la defensiva, y por eso, una voz mas alta que otra podía verse como una voz invasora. Viajó porque era un aventurero y le fue fácil hacerse a diversos nidos. Contaba con un cierto abandono interior que la isla le fue conformando”, explicó Delgado, que describió a Galdós como un “inadaptado” que “supo enfrentarse a todo el mundo”, también al público. “Un insular es un habitante de un paraíso o de un infierno, y por eso es víctima de sus espejismos. La melancolía es común en el insular. Es un ser en rebeldía consigo mismo y un contemplador de su existencia. La angustia tiene que ver con él y también el afán. Nunca es ajeno a los estímulos”, señaló Delgado. “La historia de los insulares está llena de incógnitas. El mito y la leyenda han condicionado su identidad”.

Galdós nunca quiso hacer referencia a su infancia. Se saben pocos detalles, ya que consideraba que su experiencia no se diferenciaba en gran medida de la del resto. Aunque se sabe, por ejemplo, que “pese a que su padre era militar, no le gustaba jugar a la guerra”. Pronto se trasladó a Madrid, donde frecuentaba el Teatro Real y un café de la Puerta del Sol. “En la vida pública fue todo menos un pusilánime, un aguafiestas incómodo por su actitud combativa. No le faltaron enemigos”.

Además, huyó de airear sus relaciones amorosas. Tuvo una hija de “milagro”, según Delgado. Murió en Madrid, “el que fue su espacio”.

El Premio Planeta también abordó la faceta política del autor de Tristana. “Si pudiéramos oír a Galdós en el Congreso en lugar de escuchar la ordinariez de la política española actual, tendríamos una política descriptiva y profunda”, reivindicó.

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