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Entrevista | Jonathan Santana, arqueólogo

Jonathan Santana: “En Canarias nunca se ha apostado de manera firme por la investigación arqueológica”

“El ‘Hombre de Agaete’ no es solo un ejemplar único en Gran Canaria, sino en todo el Archipiélago”, destaca el arqueólogo Jonathan Santana

“En Canarias nunca se ha apostado de manera firme por la investigación”

“En Canarias nunca se ha apostado de manera firme por la investigación”

El Doctor en Historia por la ULPGC y arqueólogo Jonathan Santana tutela la instalación del ‘Hombre de Agaete’ en la Sala Bosch de El Museo Canario, un ejemplar único hallado en 1934, cuyas graves laceraciones evidencian la violencia perpetrada durante la conquista de Gran Canaria en el siglo XV.

Los restos óseos del denominado Hombre de Agaete, que ya se exhibe en la Sala Bosch de El Museo Canario, presentan graves lesiones provocadas por armas cortantes. ¿Qué aspectos revelan sobre el episodio histórico de la conquista de Gran Canaria en que se le enmarca?

El Hombre de Agaete es un esqueleto aborigen que apareció en una cueva funeraria prehispánica, donde fue sepultado según el ritual prehispánico, y que presenta una serie de heridas realizadas con arma blanca. Algunas de esas lesiones son muy contundentes y ocasionaron la muerte inmediata del individuo; especialmente dos heridas en el cráneo. La posibilidad de que se trate de una persona asesinada en un enfrentamiento bélico con los conquistadores castellanos es bastante elevada. De hecho, en 1481, se instauró en la playa de Agaete una torre de la conquista por Alonso de Lugo, uno de los lugartenientes de Pedro de Vera, el conquistador que mandan los Reyes Católicos a la conquista de Gran Canaria, desde la que se realizó una escaramuza en la zona norte de la isla, entre 1481 y 1483, donde finaliza la conquista de la Isla. Entonces, una hipótesis podría ser que el individuo muere en una de esas escaramuzas con los castellanos. En principio, nosotros pensamos que es la hipótesis más sensata.

Su hallazgo se retrotrae a 1934, en el yacimiento funerario de Los Acarreaderos. ¿Por qué deciden retomar una investigación en torno a este guerrero aborigen en 2015?

En 2015, nosotros volvimos a revisar el material y sacamos una publicación aportando nuevas evidencias, que fueron resultado de la incorporación de nuevas técnicas y metodologías como, por ejemplo, la datación de Carbono-14. El tema es que la datación nos da un periodo que coincide con la conquista europea de la isla, pero también con los primeros años del periodo colonial, de manera que tenemos una datación que se sitúa entre finales del siglo XV pero, fundamentalmente, en los primeros años del siglo XVI. Entonces, eso abre diferentes posibilidades y así lo reflejamos en nuestra publicación.

¿Qué otras hipótesis baraja sobre la posible identidad de este individuo?

Precisamente porque la datación de Carbono-14 nos da un ámbito temporal un poco más amplio, tampoco podemos descartar que se trate de un aborigen que siguió manteniendo parte de sus tradiciones como, por ejemplo, la práctica funeraria, y que en realidad sea una persona muerta en los primeros años del siglo XVI por varios agresores. En ese caso, podría ser un alzado, que son los aborígenes que se resistieron a participar en la nueva sociedad colonial y que vivieron al margen de la ley. O también pudo ser un asesinato. En este último caso, no sabemos si fueron conquistadores o aborígenes, pero lo que sí parece claro es que fue un ataque imprevisto, muy rápido, que dejó pocas posibilidades de defensa a esta persona, porque presenta heridas realizadas desde atrás y de frente, lo que nos hace plantear que hubo más de un agresor, y que tuvo que ser muy rápido. De hecho, le clavan la espada en la cabeza, y pensamos que es una espada porque se trata de un elemento cortante y, además, pesado.

¿Y qué aspectos revela este tipo de violencia sobre las sociedades aborígenes y los conquistadores castellanos?

Lo curioso es que este tipo de ensañamiento no es tan común cuando se analizan personas combatientes fallecidos en batallas campales o frente a frente en el mismo periodo histórico en Europa. Cuando nosotros analizamos esos restos esqueléticos vimos una densidad menor de heridas de arma blanca y, además, una distribución diferente de estas heridas. También observamos un enfrentamiento desigual, porque seguramente el aborigen no se benefició de los elementos de protección que sí tenían los guerreros europeos de la época, como corazas o mallas, y esto es compatible con que fuese un aborigen vestido con fibras vegetales y pieles. Además, un aspecto muy interesante es que parece un ensañamiento típico de cuando se intenta acabar con guerreros relevantes, porque la violencia se utilizaba como un mensaje para desmoralizar al resto.

¿Se trata de un ejemplar único en Gran Canaria?

Yo diría que no solo en Gran Canaria, sino que, incluso, en todo el Archipiélago, es un caso único. No hay ningún individuo que tenga esta gran densidad de marcas de espada. Tenemos alguna evidencia en Tenerife y en La Palma, pero no se llega a observar este nivel de violencia, que es muy significativo.

¿Se plantean seguir profundizando en esta investigación en el futuro?

Claro, porque la problemática, que también es interesante, es que el Carbono-14 tampoco es infalible, pero nos da una medida que puede ser revisada a medida que los métodos van mejorando. Por eso, sí pensamos volver a realizar una datación sobre este material con un nuevo método de preparación de la muestra para ver si podemos afinar mejor la fecha.

¿Cómo ha incidido la pandemia en el campo de la investigación y la arqueología?

Pues ha condicionado muchísimo las labores de investigación por varias razones: todo se ha ralentizado muchísimo, porque es complicado trabajar con varias personas al mismo tiempo y en investigación se trabaja mucho en equipo. Luego, el pasado junio llevamos a cabo un trabajo de campo siguiendo todas las recomendaciones y precauciones sanitarias. Pero, por otra parte, también se ha limitado el acceso a la universidad, lo cual ha tenido su influencia en la formación de los investigadores. En mi caso, además, tengo un proyecto europeo y voy a solicitar una prórroga de seis meses porque todo va mucho más lento de lo esperado. Pero bueno, seguimos adelante y sin miedo.

Sin embargo, ¿diría que la arqueología atraviesa un buen momento en Canarias?

Hoy en día, la arqueología en Canarias está viviendo un momento muy positivo, con equipos formados y muy competitivos en las universidades, donde tenemos un proyecto europeo en cada una. También se hace muy buena arqueología desde las empresas privadas, y ahora, con este proyecto europeo que lidero, estamos integrando también otras islas donde hace tiempo que no se estaba investigando y donde hay una cantera de futuros arqueólogos investigadores formidable. También es cierto que la investigación en España está muy mal financiada y, en el caso de Canarias, la situación es malísima, porque tenemos uno de los porcentajes de financiación pública más bajos de España y del resto de Europa. En Canarias no se apuesta de manera firma por la investigación, con independencia del político que esté al mando, y eso supone un handicap muy importante a la hora de poder consolidar equipos de investigación y ser más ambiciosos de lo que podríamos ser si tuviésemos una financiación ajustada a la media del estado.

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