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Festival Hispanoamericano de Escritores | Entrevista a David Llanos

David Toscana: “Cuando tantos le dieron la espalda al libro, Los Llanos abrió la puerta”

“La magia de una novela es hacernos reflexionar en presente a través de esos puentes de palabras”, señala el escritor mexicano David Toscana

David Toscana

David Toscana

David Toscana (Monterrey, 1961) ha publicado ‘Estacion Tula’, ‘Santa María del Circo’, ‘Lontananza’, ‘Duelo por Miguel Pruneda’, ‘El último lector’, ‘El ejército iluminado’, ‘Los puentes de Königsberg’, ‘La ciudad que el diablo se llevó’. Su novela ‘El último lector’ recibió los premios Antonin Artaud, Colima y José Fuentes Mares; ‘El ejército iluminado’ recibió el premio José María Arguedas y ‘Olegaroy’ con el Premio Xavier Villaurrutia 2017, entre otros galardones.

Acaba de publicar en la que hace de la imaginación un proceso de supervivencia en un país devastado. Cuéntenos un poco más.

En todas mis novelas hay una veta quijotesca. Don Quijote es un hombre que vive en un mundo entre real e imaginario. Siempre me ha fascinado esta posibilidad a la hora de relatar mis novelas. En este caso tenemos unos personajes que viven en Varsovia hecha ruinas, pero ellos, a través de alcohol e imaginación, ellos se crean una existencia superior a lo que les ofrece la realidad. Es lo que siempre han hecho los niños; por eso las infancias suelen ser muy felices.

Se asemeja bastante a la situación que estamos viviendo actualmente…

La época es otra, la tragedia es otra, pero la magia de una novela es hacernos reflexionar en el presente, en nosotros, a través de esos puentes de palabras que conectan distintos tiempos y lugares. Mis personajes celebran que están vivos en la capital de la muerte, y verdaderamente la vida es algo para celebrarse.

¿Cree que de las grandes catástrofes nacen grandes libros?

Las catástrofes pueden dar el escenario de grandes libros, pero no la esencia de una novela, que ha de ocuparse del individuo.

“El escritor siempre se ocupa de la desgracia. Ahí donde hay felicidad y armonía no puede haber novela”

David Toscana - Escritor

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Pero son, sin duda, una fuente de inspiración…

Sí, el escritor siempre se ocupa de la desgracia. Ahí donde hay felicidad y armonía no puede existir una novela. La guerra ha inspirado muchas novelas porque pone al ser humano en una situación extrema. Me gustan más las novelas de la Primera Guerra Mundial que de la Segunda, porque la Primera era más pausada, había suficiente tiempo en las trincheras para dialogar, reflexionar, explorar el alma humana. La Segunda lleva mayor vértigo, tecnología, bombardeos desde el aire, es más inhumana, por eso no se noveló tan bien. Entre las novelas de la Segunda prefiero Vida y destino, de Vasili Grossman. La enfermedad también inspira, pero no hace falta que haya una gran epidemia, pues ahí donde mueren millones, el novelista ha de ocuparse de unos pocos o de uno solo. Para hablar de enfermedad y muerte se puede escribir La peste o La muerte de Iván Ílich.

¿Dónde encuentra usted los temas para su obra?

Hay muchas fuentes: la historia, los periódicos, la propia literatura, la experiencia personal, las anécdotas que se relatan en una taberna, la imaginación, los deseos, las frustraciones. A veces las novelas nos llegan en forma de una historia, de un suceso; a veces llegan de modo más críptico, con una emoción o significado. Por ejemplo, La ciudad que el diablo se llevó, no me llegó de modo narrativo, sino que tuve deseos de comprender cómo era la vida en Varsovia luego de acabada la guerra, cómo se habitaba una ciudad destruida casi en su totalidad; y entonces había que crear la historia que contara eso.

Además, es usted traductor. ¿Cómo se maneja ante esa dualidad: escritor-traductor?

Me gusta traducir, pero lo hago muy poco. Los mexicanos traducimos poco porque casi todo se traduce en España, y los editores quieren español peninsular.

¿Ha traducido alguna vez un libro con el que pensara: “esto me hubiese gustado escribirlo a mí”?

Como traductor no me ha ocurrido; sí como lector. Y aquí no se trata meramente de admirar una obra, sino de sentir que se comparte un ADN de modo que, efectivamente, se tiene un parentesco con la novela que “me hubiese gustado escribir”. Me ocurrió con La marcha de Radetzki, de Joseph Roth y con El general del ejército muerto, de Ismaíl Kadaré.

Una de sus novelas está adaptada al cine. ¿Qué significa esto para usted?

No gran cosa. El cine no me gusta. Más que nada me conmovió que una de mis novelas sedujera a un grupo de personas para dedicarle años de trabajo que fueron desde el guion hasta la proyección. Para la alcancía sí significa algo, pues el cine puede pagar a un escritor lo que las editoriales nunca pagan.

¿Cree que en los últimos tiempos las series televisivas le han tomado la delantera a la literatura?

La literatura va muy adelante. El detalle es que la gente se rezagó, se embruteció, y eligió la pereza mental de esas series que antes se llamaban telenovelas o culebrones.

¿Qué espera encontrar, en estas circunstancias, en el Festival Hispanoamericano de Escritores?

Será el más importante festival y el más bonito, pues justo cuando tantos le dieron la espalda al libro y a la literatura, la gente de Los Llanos de Aridane abrió la puerta. De tal modo, no será un mero festival literario, será el festejo de estar vivos, de leer y de reconocer que la vida está en los libros y los libros en la vida.

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