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Crisis migratoria | Nuevas oportunidades

Los tambores de la integración

El senegalés Ngor Mbaye hace de Canarias su hogar e integra a la comunidad africana entre los isleños a ritmo de djembé

Ngor Mbaye y Tatiana Aguaclara durante uno de los talleres celebrados en Punta del Hidalgo.

Ngor Mbaye y Tatiana Aguaclara durante uno de los talleres celebrados en Punta del Hidalgo.

Músicos, sanadores, pescadores y aventureros. Una familia que ama lo que hace y que quiere darlo a conocer a la sociedad tinerfeña. Esa podría ser la presentación de la familia Mbaye, que ha hecho del pueblo lagunero de Punta del Hidalgo su nuevo hogar. En una tranquila casa de este núcleo costero se escuchan los acordes de la música senegalesa, que estos días busca reencontrarse con los canarios para crear lazos solidarios y mantener viva la tradición del pueblo africano en plena crisis migratoria. Ngor Mbaye y Tatiana Aguaclara son los responsables de este puente que se tiende estos días entre Canarias y Senegal y que se ha hecho posible gracias a la organización de diferentes talleres en los que Oriente y Occidente se dan la mano y las diferencias culturales o raciales no tienen cabida. El percusionista Mbaye se convierte así en solo uno de los miembros de la comunidad senegalesa en Canarias que estos días busca crear lazos con los isleños. 

Mbaye proviene de una familia de músicos. Es, lo que se conoce en los países del África occidental, un griot, es decir un narrador oral que trasmite la tradición cultural del país. Es, por tanto, mucho más que un cantante y, tal y como explica Aguaclara, “es una ocupación muy bien vista en su país”, una labor con tanta importancia en la sociedad que “muchos niños aprenden antes a tocar el djembé (tambor africano) que a caminar”. Esa tarea tan destacada llega ahora a Canarias a través de talleres de yoga, clases de percusión, actividades con caballos y el control de la respiración. Entre los objetivos de esta familia intercultural está la transmisión de la cultura africana por medio de la música y el arte. 

“He hecho de todo para sobrevivir. A veces viví de la música y otras trabajé en el campo”

Ngor Mbaye - Percusionista

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Para ello, han elaborado toda una programación con actividades que, prometen, ayudan a conectar con “la alegría, la ligereza y el disfrute” para “soltar parte del peso y la carga y liberar tensiones y bloqueos”. “Queremos que la gente aprenda percusión y danza de la mano de profesionales que llevan la música en las venas y que puedan vivir la experiencia de explorar Senegal para empaparse de su música, alegría y la cultura”, comenta la pareja afincada ahora en Punta del Hidalgo.

Décadas fuera de Senegal

Ngor Mbaye tiene 39 años y fue a partir de los 13 cuando comenzó a forjar su relación con España. Con esas edad le invitaron por primera vez, junto a un grupo de griots senegaleses, a participar en un festival celebrado en España y desde ese momento continuó viajando para mostrar el talento y el amor por la música de la comunidad senegalesa. Finalmente, hace 20 años se trasladó de manera definitiva a España y eligió Barcelona para fundar su hogar. Aunque la música siempre lo ha acompañado, no siempre ha sido esta la ocupación que le ha dado de comer. Y es que el senegalés recuerda que la llegada al nuevo país fue dura y durante años se tuvo que dedicar a empleos tan variados como la agricultura o la construcción. 

A lo largo de todo ese tiempo combinó las más variadas tareas con la música y comenzó a visitar Canarias para impartir talleres de música africana. El pasado año volvieron a convocarlo para dar una clase en Tenerife y aterrizó en la Isla “con ganas de un cambio”. “Yo he hecho de todo para sobrevivir. He pasado por épocas en las que he podido vivir de la música y otras en las que he tenido que compaginarlo con otros trabajos pero nunca he abandonado mis tradiciones porque eso es sagrado para mí”, afirma Ngor Mbaye quien añade que “siempre he ido tirando hasta que un día comencé a dar clases de percusión y ahora sí puedo vivir de los que realmente me apasiona”. Aunque reconoce que la crisis provocada por la incidencia del coronavirus y la consecuente paralización de la actividad cultural le ha afectado notablemente, “estamos remontando poco a poco”. Y es que si algo caracteriza a este senegalés es el optimismo y la sonrisa que siempre corona su rostro. 

“En mi país se valora más la música y a la personas que se dedican a ello”

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Punta del Hidalgo se cruzó en el camino de Ngor Mbaye gracias a que conoció a Tatiana Aguaclara. Ella es profesora de yoga pero, afirma, “siempre me ha gustado la percusión”. Así que cuando conoció a Ngor Mbaye mientras realizaba una actuación con una batucada decidió que tenían que emprender un proyecto conjunto. “Le propuse ofrecer un taller de danza y de respiración liberadora porque creo que la combinación entre la música africana y la relajación es perfecta y la verdad que fue una sesión mágica y muy especial”, recuerda la tinerfeña quien añade que creemos que con esta iniciativa podemos hacer “muchas cosas bonitas” entre la sociedad canaria que, además, se está volcando con estas clases de las que, afirma, “la gente sale muy alegre y habiendo descargado mucho estrés”. Además, adelanta que este es solo uno de los proyectos que esperan poder poner en marcha de manera conjunta.  

Estos talleres de percusión se están convirtiendo en un puente único entre Canarias y Senegal. Y es que a los asistentes tan solo les hace falta una hora y media para trasladarse a África porque a Ngor Mbaye no le falta detalle y se viste con sus ropas tradicionales. Así, su forma de actuar y la pasión que trasmite por las tradiciones de su tierra permiten que un hilo conecte cada semana Canarias con el país africano. 

Senegal se presenta ahora como el futuro de esta pareja. Mbaye y Aguaclara preparan un proyecto turístico que incluirá viajes al pueblo senegalés de donde partió el músico. “Queremos crear unos campamentos que ayuden a la economía local, donde todo sea sostenible y los viajeros puedan zambullirse en la vida africana”, relata la tinerfeña  quien ya planea organizar talleres de danza y percusión con la familia de Mbaye y excursiones en cayuco por la costa senegalesa. 

Está claro que son muchas las diferencias que separan España de Senegal y a pesar de las corrientes migratorias que trasladan a miles de africanos hasta las cosas canarias desde hace meses, Tatiana Aguaclara tiene claro que prefiere el ritmo de aquel país. “Después de haberlo visitado me queda claro que llevan otro ritmo, sus prioridades son otras y las cosas importantes son totalmente diferentes a las que se establecen aquí”, comenta la tinerfeña quien defiende ahora la puesta en marcha de “viajes alegres y terapéuticos que permitan empaparnos de la ligereza que hay en Senegal” porque “tenemos mucho que aprender de ellos”, sentencia. 

Nueva vida

Ngor Mbaye reconoce que, gracias a Aguaclara, su vida ha cambiado. “No fue sencillo para mí dejar mi país y trasladarme a España. Toda mi vida he estado luchando por lograr hacer lo que me gusta pero ha sido muy complicado”, relata el senegalés, quien reconoce que entrar en contacto con otros miembros de la comunidad africana en Canarias le ha ayudado mucho en los últimos tiempos. 

“Yo tengo la cultura en mi mano”, afirma Mbaye quien destaca la constancia de sus compatriotas para lograr lo que quieren en un territorio que a veces se les presenta hostil. En este punto aprovecha para denunciar que las administraciones españolas no hagan nada para paliar la crítica situación que vive la cultura en la actualidad. “Llevo 20 años viviendo en España y han sido muy pocas las veces en las que he trabajado con un contrato y todo eso, además, sin recibir ninguna ayuda”, relata el senegalés afincando en Tenerife quien recuerda que en su país el Gobierno ha abierto una línea de ayudas para los profesionales del mundo de la cultura porque “en mi país se valora más la música y a las personas que se dedican a ello”, sentencia. 

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