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Pleno del Parlamento de Canarias | Medidas para paliar la crisis económica y social

Para salir de esta

El Plan para la Reactivación de Canarias es un tocho bastante plúmbeo y después de las propuestas aprobadas solo podría explicar su anatomía el doctor Víctor Frankenstein

Casimiro Curbelo, ayer, durante una de sus intervenciones en el Parlamento de Canarias.

Casimiro Curbelo, ayer, durante una de sus intervenciones en el Parlamento de Canarias.

“Canarias tiene un plan”. La frase del día, perfectamente ajustada a la brillantez de la Cámara. El lector tendrá la amabilidad de buscar el plan en otra parte. El Plan para la Reactivación Social y Económica de Canarias –ahora abreviado como Reactiva Canarias, como si fuera un producto farmacéutico– es un tocho bastante plúmbeo y después de las propuestas aprobadas ayer en el pleno parlamentario solo podría explicar su actual anatomía el doctor Víctor Frankenstein. Porque sus señorías, además, se liaron a la hora de votar sus propias propuestas hasta llegar a cierto colapso en el que participaron de buena fe los diputados, la mesa, los portavoces, los altos funcionarios, los funcionarios bajitos y todo el que quedó atrapado por el agujero negro de las negociaciones nigrománticas. Don Casimiro Curbelo llegó a levantar la voz para explicar que la ASG –su guantelete tánico– había votado que sí a algo que tenía previsto votar que no, o quizás fuera a la inversa, no podría jurarlo. Después de casi un cuarto de hora de atasco el escaso público asistente –en realidad éramos cuatro periodistas, es decir, cuatro gatos– comenzó a sentir cierta vergüenza ajena y alguien me mandó un wasap al móvil:

–Estos cachanchanes, que no saben ni votar sus propuestas, ¿son los que van a sacarnos de esta catástrofe?

Por la mañana, el presidente, Ángel Víctor Torres –que parecía en forma, pero algo desgastado–, dedicó diez minutos a trazar una cronología del plan, que primero fue pacto, un pacto firmado en la prehistoria, allá por el 30 de mayo, y sus grandes ejes de acción. Pidió unidad. Luego llegó una anodina ristra de intervenciones, donde los portavoces repitieron las mismas monsergas, aspavientos, llamados dramáticos, reproches catecuménicos y majaderías proféticas del último medio año. Vidina Espino dijo que el documento estaba lleno de buenas intenciones. Qué remedio después de que la dirección nacional de Ciudadanos le indicara el camino al acuerdo. Casimiro Curbelo, cada vez más apostólico, mejor dicho, más papal, llamó a la generosidad y la cooperación de todos los partidos: Madrid ten piedad, Bruselas ten piedad. Manuel Marrero salmodió según su costumbre, pero lanzándose como un lancero bengalí a la defensa de las políticas sociales y culturales que Podemos desarrolla en el Gobierno de Canarias.

Curbelo, cada vez más apostólico, mejor dicho, más papal, llamó a la generosidad y la cooperación de todos los partidos

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A partir de ahí llegaron algunas muy modestas novedades. El portavoz novocanario Luis Campos se inventó el feliz sintagma “documento vivo” para evitar la acusación de retraso en el diseño del Plan Reactiva Canarias. Según la magia de don Luis, todo el gasto que el Gobierno autonómico se ha pulido desde marzo relacionado con la pandemia forma parte del plan. Cientos de millones que ya se están empleando. “Y teniendo en cuenta el gasto de cabildos y ayuntamientos”, subrayó, “son ya miles de millones de euros los que se han gastado”. Miles y miles de millones. Por un instante quien estaba en la tribuna no parecía ser Campos, sino el Tío Gilito nadando varios largos en una piscina de billetes de 500 euros mientras los parados isleños esperaban su turnopara remojarse los tobillos.

El Plan de Canarias es tan prodigioso que ya funcionaba y adjudicaba recursos desde hace varios meses, aunque iba a ser aprobado en esa sesión plenaria. Existirá, existe y existió porque es un plan elaborado sub specie aeternitatis. Por supuesto María Australia Navarro no estaba de acuerdo. En nada. La señora Navarro no es una mala parlamentaria. Es una lástima que sus discursos e intervenciones estén pensados en el centro de Madrid. Un compañero de la tribuna de prensa está seguro de que se los escribe ella, pero que para redactarlos coge un avión, se planta en la sede central del PP de la calle Génova y se encierra en un despacho, y hasta que termina el discurso, no sale ni se come un bocata de calamares. Le ayuda poco que su diputado Fernando Enseñat, que suele dedicarse a las políticas económicas y fiscales, desprenda en la tribuna tanta empatía como un ficus.

El portavoz de CC, José Miguel Barragán, deslizó una curiosa solicitud a Torres: que efectuara cambios en el Gobierno para tener un mejor equipo para aplicar en Plan de Reactivación. “Consulte usted con sus socios de gobierno”, le animó Barragán, desde la cuestionable suposición que los partidos que sustentan al Ejecutivo estarían encantados de sacrificar a sus consejeros. Algunos murmuraban que se refería a Noemí Santana. Otros que el objeto de la crítica era Blas Trujillo, cuya condición de consejero de Sanidad sigue siendo una hipótesis no verificada para sectores importantes del personal sanitario. Nira Fierro, por último, llegó más allá que Campos, y dijo textualmente que el Plan de Reactivación estaba en ejecución, nada menos, desde el 14 de marzo, cuando se decretó el confinamiento por el Gobierno central, dos meses y medio antes de que se firmara el pacto que suscribieron PSOE, CC, NC, Podemos y la ASG. Después se semejante audacia espaciotemporal Fierro se quedó del mismo lado, por supuesto, y solo agregó que no se trataba únicamente de garantizar los servicios públicos básicos y la cohesión social del archipiélago, sino de sentar las bases para una verdadera transformación de Canarias.

Torres contestó rápida y fragmentariamente. En las réplicas todo el mundo insistió en lo mismo y Barragán se mostró educadamente molesto porque el presidente solo le había dedicado 28 segundos a la posición de CC, y así, claro, CC no podría votar afirmativamente. Torres le pidió disculpas y le prestó un fisquito más de atención y el majorero entenerifeñado se quedó más o menos satisfecho. Los cinco minutos finales del jefe del Gobierno estuvieron bien: una retórica sencilla, pero convincente, y con una medida carga emocional: “Señorías, yo les aseguro que vamos a salir de esta”.

La unidad política en tiempos de crisis catastróficas es singularmente valorada por los ciudadanos en un estado democrático. Pero es una situación políticamente delicada que gobierno y oposición deben gestionar con tino y sutileza. La unidad política no puede ser como ese anillo para gobernarlos a todos, atraerlos a todos y en la oscuridad atarlos, el anillo que soñó Tolkien después de sus atracones de lenguas y mitologías. Pero es imprescindible en un instante histórico en el que Canarias se juega ser un país viable como espacio político e institucional que evite su ruina económica y su ruptura social. Y desde la tierra de Mordor se extienden y acercan las sombras…

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